Fuego abrazador

Sintió el primer pinchazo en la planta del pié, agudo, extremo, pero asombrosamente reconfortante. Cuando el agradable dolor se iba extendiendo por ambos pies, la sensación empezó a subir por sus gemelos, parándose momentáneamente, caprichosa, por detrás de sus rodillas, justo como ella hacía cuando jugaba apasionada y le apetecía detenerse en sus zonas exógenas. Observaba la creciente luz que se levantaba y tomaba forma ante sus ojos, a cada segundo más intensa. El dolor le invadía, y aun habiendo podido luchar fácilmente contra el, no lo hizo; se había asegurado de tomar todas las precauciones necesarias para, en el caso de un súbito arrepentimiento, no poder remediar lo que tanto tiempo y coraje le había llevado. Cuando las punzadas se hicieron insoportables, en ese mismo instante reconoció la figura que se erguía delante de el, orgullosa, elegante, bella. Justo cuando los dedos incendiados le alcanzaban amenazantes el rostro, sucumbió al dolor, pensando mientras caía en la nada, todo el tiempo que lleva escribir toda una vida de amor, y lo rápido que lo consume todo el fuego abrasador. Lo que escribes te destruye, lo que quemas te posee.

Arritmia


Como cada domingo, leíamos el periódico juntos, acompañándolo de un interminable desayuno, tranquilos. Un pequeño placer que tardaba en llegar una elipse semanal, deseosos de compartir tiempo, de unir nuestros mundos en un eclipse que se alargaba todo el día, y en el que conseguiamos hacer salir las estrellas y ver cometas que tardarían en volver a pasar siete días sin sus noches por las lunas de nuestras retinas. Comentábamos noticias repetidas del domingo anterior, resolviamos de memoria crucigramas con los días de nuestros encuentros, y al llegar a la hoja de orbituarios vimos en la esquina superior un pequeño cuadrado que indicaba la fecha de extinción de nuestro universo. Encerraba la hora exacta en la que mi sol se apagaría helado por tu luna, que ante mí, jamás volvería a ver lucir llena y serena. Comprendimos al instante, sonreímos y nos miramos, y sin mediar palabra decidimos retar aquella tinta que nos daba 24 horas para el final. El desayuno, por primera vez quedó a medias, y la música seguía sonando cuando soltando nuestras manos al salir del portal tu decidiste girar a la izquierda, y yo seguír todo recto por la calle que a tí nunca te gustó pisar. Al alejarnos no podía parar de recordar el camino exácto que hice seis meses atrás; aquel fatídico día invernal en el que ocurrió el milagro de nuestro pequeño Big Bang.  

Tinta de verano.

Me prometiste que no me reprocharías mis faltas de ortografía, que mis exclamaciones fuera de lugar no te molestarían, que serías comprensivo con aquel dichoso punto y coma que tantas veces dejaba vacío. Te amenacé con borrarlo todo sino hacías que esos puntos y a parte se transformaran en seguidos; ignoré lo que viene después de los dos puntos y ya ha sido previamente advertido. Hubo una temporada que estuve tan enganchada a aquellos interminables guiones que acabé mareada, vomitando ácidos puntos suspensivos que sabían a fresa y envolvías en cariño. Tus comillas siempre tan sarcásticas y ajenas, mis comillas tan vulgares y serias; aprendí que todo lo que empieza simple se puede duplicar o terminar por odiar. Gritábamos, desesperados, buscando las llaves que abrían los malditos corchetes mentales perdidos dentro de tanto paréntesis y sus variables. Olvidamos que nacimos de la comunicación, y nos empeñamos en aprender un idioma sin tildes para ver quien cargaba cada vez con menos signos de interrogación...quisimos aprender una lengua sin normas ni acentuación, y por extenuación, peleamos hasta gastar toda la tinta que bombeaba nuestro corazón. Pasó el tiempo y al no saber donde poner el punto final, tu te llevaste los signos de puntuación a otro lugar, y yo me quedé tejiendo sola con los puntos que no lograste poner sobre mis ies, un colorido collar. 

Mind the gap.

Iba montado en su coche McLaren descapotable, despreocupado y sin prestar atención a nada más de unos pocos segundos, pero sin dejar de observar todo lo que ocurría a su alrededor. Se me antojó alegre, vivaz e ingenuo, aunque de alguna forma bastante infantil, parecía demandar la atención de todos los que por allí pasaban, que sin fijarse en el, en un primer momento, acababan mirando y sonriendo; bien por el espacio que ocupaba, o porque percibían lo mismo que yo, como en una especie de hechizo, sabiendo que era un tipo con suerte al que la vida sonreía. Al mirarme y fijar sus enormes ojos grises en mi me transmitió su alegría infinita, pero de pronto sentí la frialdad de la pena, al saber que no sería eterna. No hubo intercambio de palabras, no tanto por las circunstancias que nos rodeaban a ambos, sino porque sus limitaciones, más que evidentes desde el primer momento nos lo impedían. Supe que un caprichoso error del destino se interponía en nuestros caminos, y que cuando nos cruzara de nuevo, no nos reconoceríamos. Sonreí al comprender que a el me lo había encontrado para hacerme recordar que la felicidad inconsciente se llega a olvidar un día, y a partir de entonces se debe perseguir de forma incansable, cada instante, y de por vida. Cuando le miré por última vez el ya estaba absorto mirando a esa mujer mucho mayor, que de forma tan dulce besaba  su cara y le colocaba el chupete con tanto amor.

Pinzamientos

Mi piNZa
Detrás de un rotundo y simple "porque sí", se esconden muchos dudosos y complicados porqués. Ese "nada" que lo esconde todo, un "claro" pronunciado con esa tonalidad tan oscura. El "vale" que impide, el "si" que quiso ser "no". Ese "cierto" con el que no estás nada de acuerdo, el "correcto" que te parece totalmente equivocado. Un "puede" que no va a ocurrir, y ese "quizás" que ni te has parado a valorar. Ese "OK" que acaba dejándote KO, o un "no" que  reniega, y de tanto que se le niega explota y se revela en el si más rotundo jamás pronunciado. Y así, tantas veces una sola palabra encierra la complejidad de nuestros pensamientos; de lo que realmente se quiere decir, pero no podemos o queremos expresar, y que tarde o temprano acabará saliendo si es realmente importante. Saldrá como un llanto en forma de charco, saldrá con una huida, con un abrazo, un puñetazo...cuando las cosas importantes no salen con palabras ni en actos, se enquistan, nos crecen por dentro y empequeñecen por fuera; comienza la metástasis del odio, la vergüenza, el miedo, y por no  saber decir cuanto queremos, cuanto odiamos, o cuanto nos molesta algo, las palabras se van amontonando, apretando la garganta y estrechando cada vez más oprimiendo la yugular, igual que la soga del ahorcado justo antes del tirón final. La otra cara del  autismo emocional o estreñimiento oral es igualmente dañina y destructiva; a saber: tener la necesidad de decirlo todo, a toda costa, aún cuando ya está todo dicho. La necesidad de querer llevar razón, de no poder guardar nada para nosotros, de no cansarse nunca de decir lo que ya no quiere ser escuchado; es la incontinencia sentimental, que puede derivar en diarrea verbal. Es una forma de ego pensar que todo lo que vamos a decir importa o resultará interesante. No hay nada peor que una persona que calla lo que de verdad siente, bueno si, una que no dice nada relevante, o que si lo hace pasa desapercibido porque llevas media hora deseando que se calle. Rompo mi lanza a favor de las personas twitter que consiguen con 140 caracteres verbales, o menos, decir y transmitir lo que realmente importa, para bien, o para mejor. Aprendí hace mucho tiempo que a las palabras se las lleva el viento, pero una pinza bien puesta, las sujeta mucho más que unas cuantas un poco sueltas.

Galanina

¿Cómo puede habitar el ser humano en condiciones tan adversas o extremas? ¿Qué necesidad tiene de vivir bajo amenaza continua de sufrir una catástrofe natural? Esta pregunta le puede rondar por la cabeza a mucha gente cuando por casualidad se hace eco de ello a través de cualquier medio de información, pero esas preguntas tardan en disiparse lo que se tarda en pasar la hoja del periódico, cambiar de canal, o recibir un whatsapp. Cuando has vivido en un lugar amable y apacible (o en varios) buena parte de tu vida, y de repente la metes en una maleta y te la llevas a otro lugar donde, diariamente, estás bajo ese tipo de amenazas, aquellas preguntas cobran una fuerza atómica, y una vez que detonan en tu cabeza, termina la paz. Pasado el tiempo, cuando ha acabado todo y ya no piensas en ello, un buen día, mientras esperas el  metro después de salir del trabajo y observas con angustia a una pareja en plena batalla campal, de repente y sin venir a cuento algo se conecta, y te asalta la más simple respuesta a aquellas preguntas que ya no te importan: desconocimiento previo y adaptación. Sed de poder y conquista, curiosidad, necesidad...todas ellas y muchas más son las razones que nos han llevado, e irremediablemente nos llevarán a perdernos para descubrir tierras nuevas y lugares lejanos, siendo sólo a posteriori cuando tomamos conciencia de esos factores nunca imaginados. Casi siempre sobrevivimos y nos adaptamos, a veces perecemos, y otras, puede que después de sufrir sacudidas, vendavales y otros males, tengamos suerte de salir airosos, y hasta victoriosos. Incluso con la cantidad de información de la que disponemos hoy en día, nunca podremos anticipar como nos van a afectar los diferentes factores a los que aun queriendo nos tendremos que enfrentar, y ahí es donde encontrarás la maravilla humana; según convenga haremos ecuaciones y valoraremos los riesgos, pérdidas o ganancias que cada uno calculará a su antojo; unos convenciéndose de que los riesgos son demasiado elevados para cambiar nada, otros, asumiendo que los cambios siempre reportan beneficios. Gracias a estos últimos, conocemos el mundo como es hoy, lleno, diverso, hermoso, y si, peligroso. Llevado a un nivel micro, hay gente que se conforma con su vida tal y como está, otros hacen lo que los demás consideran que está bien, otros prefieren sufrir tempestades si ese es el precio a pagar por llegar un poco más allá. El ser humano desconoce los factores y variables del ahora, que sólo cobran sentido en el después, y entonces, a veces, ya se está demasiado acostumbrado al pasado para cambiar algo o dejarlo.

14 Estaciones



Si todo fuese perfecto, cada vez que entro en el metro saldría una persona para pillar yo su asiento y siempre llegaría a tiempo. Si todo fuese ideal, no habría ninguna almendra amarga en la bolsa de frutos secos que compré ayer y  aparece justo cuando había decidido que esa era la última que iba a comer. Si todo fuese como yo quiero habría canciones que no terminarían, otras ni se escucharían. Si pudiera, haría que nunca lloviera por el día, menos cuando lo necesite como excusa para echar el freno, y así encerrarme para enfrentarme a esa persona que a veces tanto temo y me encuentro en cada maldito espejo. Me hace gracia ahora que lo pienso, mientras suena una canción que no debería terminar, las veces que sueño con cambiar todo aquello sobre lo que no tengo poder; así me paso el día: sin acabar las cosas que me quedan por hacer. Podría cambiar mi nombre y convertirme en una mujer fatal, arrojar el teléfono al mar, inventarme una nueva vida en otro continente, dejarme llevar por la corriente y encontrar algo real por lo que poder apostar. Podría decirte que no te quiero, echarle valor y dejarlo todo en el tintero, destrozar todas las cartas de amor, publicar tus fotografías, largarme con el cartero que todos los días traía con el correo tu cariño empaquetado en la distancia; el único de los tres que con el paso del tiempo, demostró tener valor y constancia... podría escucharle de verdad, ser amable, llevarme bien con el en vez de pelear, pero como siempre que me juego las cartas con la dama del corazón prefiero  acabar siendo el perdedor, para sin que ella lo sepa quedarme sólo con lo mejor. Debería hacerlo todo realidad; volver a estudiar, olvidarme de hablar inglés, aprender alemán y francés, pintar, cantar, e incluso aprender a bailar. Tantas y tantas cosas podría que me pierdo, soplando pompas de jabón al viento, resolviendo un complicado sudoku en el metro con los números de nuestro nacimiento...

Alea jaci est!


Creemos que existe una razón para todo lo que nos ocurre, justificándolo  al afirmar con esperanza que mañana todo volverá a ser mejor, que algo nuevo y excitante vendrá a buscarnos para hacerlo cambiar. Aceptamos que el destino controla sus cuerdas sobre nosotros sin que las podamos cortar, alargar o mover en otra dirección, impasibles y viendo como los acontecimientos vienen a buscarnos, se detienen sin pedirlo ni desearlo, para luego dejarnos, sin llegar a olvidarnos. Nos convencemos de que aprendemos con cada paso, y más aún si es en falso, y aceptamos que todo ocurre por nuestro bien, para crecer, para no volver a caer... entonces de repente todo cede y se afloja; las extremidades se liberan, notamos que flotamos, sentimos el alivio de ese "destino" que nos pierde de vista un momento mientras les ajusta a otros las cuerdas, estirando un poquito más. Son esos momentos los que aprovechamos al máximo y a los que nos enganchamos, diciendo que merecen la pena, que nos hacen sentir plenos; preciosos instantes que al quedarse grabados repetimos en nuestra cabeza cuando de nuevo todo se tensa y despertamos en ese aburrido lugar donde de nuevo toca aprender, asimilar, y nos convencemos que no puede ser siempre igual y que bueno, ahora toca llorar. La aceptación, junto con la ignorancia,  puede ser el lugar más placentero que encuentres en el camino, un limbo terrenal en el que ni haces ni deshaces, porque tus cuerdas ya están vendidas al peor postor; la resignación y adicción a esa extraña forma de belleza que también puede ser la tristeza.  Aquel que busca ser libre elige la opción más dolorosa e incómoda y no se conforma; persigue verdades, porqués y se transforma al hundirse en las arenas movedizas de sus deseos de por vida, la suya, sin culpables ni dioses y se corta las muñecas antes de atarse a algo que aunque le deja respirar no le permite andar. Cuando hayas caído al vacío en el que sólo te puedes aferrar a la nada, serás libre para elegir el camino.

Relieves

Leo la historia de tu vida con mis dedos; te recorro. Táctilmente descubro tu pasado y, como ocurre siempre, busco signos de tu futuro, que se me antoja vacío. Tus manchas; resquicio de los huracanes que dejaron los que pasaron por tu cuerpo antes de que yo firmara en el por primera vez, con tinta de color esperanza. Tus lunares me señalan las coordenadas de las playas donde decidiste descansar de tu vida, donde pensaste en comenzar de nuevo, donde le prometiste al sol que nunca le abandonarías. Las constelaciones que forman esos lunares solares me dicen que tu signo de crecimiento no coincide con el de tu fecha de nacimiento, que  fue muriendo cuando dejaste de tener fe en la vida a la que estabas destinada. Las durezas de tus delicados pies apuntan hacia las montañas que escalaste, para culminar la cima de tus inseguridades. En las dunas de tus caderas siento las estrías que van naciendo por la sequía de afecto. Las yemas de mis dedos leen en tu piel lo que tu intentas esconder y ocultar, a mi, a ti. Pero la escritura de tu epidermis me desvela las mentiras que me cuenta tu boca, hechas en la fábrica de tu cerebro. La vida que intentas ocultar a mis ojos velados, la revela sin tapujos el braille de tu cuerpo. Últimamente pienso en hacer un libro con tu dermis; me gusta más leerte que vivirte, pero primero tengo que matar mi curiosidad por tu mañana.

Complemento indirecto

Te encuentro; en el aroma del ascensor que me lleva a la calle, en la canción que escucho en la radio volviendo del trabajo, en los mails de respuesta automática que me escribes diciendo "estoy fuera de la oficina", en el contestador automático que me susurra "el buzón de voz del número al que llama está lleno", en tus palabras, nacidas de un agudo pitido que me piden que deje un mensaje después de oir la señal. Te siento en los platos aún calientes del lavavajillas que dejaste puesto, te veo en las conversaciones que tengo con tu reflejo de vaho en el espejo del baño. Me gusta alimentarme de los bordes de la pizza que quedan cuando ya has devorado el interior de sus límites. Me relajo en el agua tibia que permanece después de que hirviendo la hayas enfriado  con tu gélida esencia. Construyo un nuevo día lleno de rayos de sol con las cenizas que encuentro de la noche que has abrasado. Disfruto con el molde de tu cuerpo hecho de sábanas de algodón cuando ya has desaparecido. Sueño mi futuro mirando en los posos del café que has bebido intentando despertar de tu pasado.
Los opuestos se atraen; a veces se complementan tanto, que nunca se encuentran.

Lady Ganga


Reformada recientemente. Abuhardillada en madera oscura natural, suelo radiante y paredes firmes en tonos tierra. Exterior, amplia y muy luminosa en zona tranquila y a poca distancia de los lugares de ocio. Es un poquito calurosa en verano y fría en invierno, pero dispone de una bomba de calor extra. Muy bien amueblada con detalles adquiridos en diferentes partes del mundo que se complementan a la perfección.  Ambiente agradable que anima a cocinar, coser, leer, escribir, pensar o inventar. Ideal para los que se divierten experimentando, ya que se puede disfrutar de alguna cena con los amigos y alguna que otra  fiestecilla. Plantas naturales aromáticas de fácil mantenimiento, que con un poco de luz y agua crecen espléndidas. 
No se pide contrato, nómina, ni aval; sólo un acuerdo verbal en el que des tu palabra de que la cuidarás como si fuese tuya, y que serás el responsable de reparar los desperfectos que aparezcan con el tiempo causados por el uso y disfrute diario, para que esté tan bonita como ahora.

Islas y avenidas

Subió al taxi después de rechazar la invitación de aquel extraño a pasar la noche en su casa, el mismo que le abrió la puerta no tanto como un gesto amable, sino aceptando la derrota ante su insistente rechazo. Cuando se sentó en el mullido asiento, aún estaba impregnada del olor de otra oferta más sutil, pero mas significativa. Al cerrar la puerta dejó en el oscuro tumulto al extraño con la mano extendida mirándola para no olvidar el victorioso cansancio que adornaba su cara, y  murmurando un ojalá te vuelva a ver a plena luz del día en medio de Gran Vía, cuando creas en mis intenciones y te repita que eres la chica más bonita que he visto por los alrededores. Ella le dejó de mirar sabiendo que no debía subestimar las intenciones de un extraño, si de quien no se fiaba era de si misma. En el instante que susurraba indecisa su destino se vio repentinamente transportada a la paz de una isla  llena de suaves melodías y olores de atardecer, y abrochó embriagada el cinturón de su estrenada inseguridad a los ojos que la observaban desde el reflejo de las olas que tocaban tímidamente sus pies. Se relajó y durante 19 minutos sólo quiso disfrutar de ese momento, dejarse conmover por algo pasajero y guardar el recuerdo idealizado de las emociones maduras que no se han corrompido porque no les ha dado tiempo a caducar. Antes de bajarse me dio unos billetes aún mojados en mar, y cuando quise buscarla de nuevo en el asiento de atrás, solo encontré una caracola y la silueta de su cuerpo dibujada por la sal. 



Para disgustos, los picores.

A unos les pica la curiosidad, a otros los mosquitos, a otros la entrepierna. Hay a gente a la que le pica el trabajo, a otros la parienta, a otros el bolsillo. Algunos tienen urticaria a la vida, al amor, o enquistada en el alma. Para paliar dichos efectos, unos comen ajos, otros se rascan, y otros se echan pomada; los hay que rezan, cuentan ovejas o van al médico.
Según un estudio de campo, estos son algunos casos de comportamientos patológicos derivados del picor:
1 El vampiro: ser etéreo sin sexo definido, espalda, ojos ni conciencia, al que nunca le pica nada pero se divierte con el picor ajeno, siendo habitualmente el causante de dicho picor. Este ser, por supuesto, nunca come ajos.
2 El silencioso: el que aún omitiendo el picor, consigue ser rascado por ese "alma caritativa" que termina convencida de poseer los medios para rascar lo que cree que le pica al otro; se siente necesaria; y corre el riesgo de no poder dejar de rascar nunca, hasta que el otro se cansa y cambia de uñas.
3 El infeliz: uno de los más comunes, y del que debemos alejarnos tan rápido como cada uno pueda, es ese al que por mucho que le rasquen, o se rasque, siempre le picara algo, y lo peor de todo, lo comunicara insistentemente a todos los que le rodean para intentar contagiar su picor, dar pena por no poder paliar dicho picor, o en el peor y más común de los casos, conseguir hacer sentir culpable del picor a todo el que se encuentra en su radio de picor.
Y recuerden tres cosas: 
Si rascan por curiosidad, en el mejor de los casos pueden ganar algo en la tombola de turno, y en el peor, que les pique con mas fuerza 
Nunca deben rascar si no les pica nada. Si al que le pica es a otro, recomiéndele que coma ajos.
El que diga que sarna con gusto no pica, o es masoca, o nunca la ha tenido.

¿Y tú, dietas o...?

Vlad le hinca el diente a un trozo de carne cruda en un parque de Nueva York. No, no es el comienzo de ningun libro de jóvenes vampiros, es la práctica habitual de los seguidores, cada vez más de la dieta paleo. El creador de tal dice que se trata de comer como lo hacían nuestros antepasados, es decir, lo que podrías coger con una lanza en el bosque. Si te imaginas a Vlad llevando un taparrabos y saltando de liana en liana piensa de nuevo y piensa en un diseñador de paginas web de Manhattan (al que no podrías distinguir de entre la multitud de oficinistas) con traje gris, zapatos negros, cabello y barba cortitos; todo muy a la moda. El presupuesto de esta forma “ancestral y simple” de alimentarse es de unos 70 dólares americanos; nadie dijo que la carne orgánica de animales que sólo se ceban con hierba, tambien orgánica, o frutas y frutos secos libres de pesticidas fueran baratos.
Exactamente en ese mismo momento en la devastada Haiti un niño carga, lo que le permiten sus cortos brazos, con tantos paquetes de galletas energéticas desarrolladas epecificamente por el WFP para este tipo de eventos. Cada paquete de 100 gramos aporta 450 calorías, tiene vitaminas, proteínas y grasas y son bajas en azucar; es comida de supervivencia, la dieta del desatre. Cinco paquetes al día era la recomendación, pero en los días siguientes era tal el caos que pocos recibían suficiente, y los que lo hacían no recibían las intrucciones, así, unos comían sólo un paquete, otros todo lo que pillaban, El presupuesto de esta “moderna” forma de alimentarse es, probablemente menos de un dolar al día, pero nadie dijo que se puede elegir en un ambiente hostil, donde sobrevive el que come lo que sea.

Alevosía


Mierda, no puede ser, no puede ser!!! pensaba con el pulso a mil por hora. Esa tía le ha robado su cuerpo, con sus mismas proporciones y ese andar decidido que me vuelve loco... Pero...espera, espera un momento, también le ha quitado el perro? joder, es igual que el de ella, siempre saltando a su lado, fiel, buscando su verde mirada y una caricia que le calme; justo en el parque por el que siempre paseamos, nosotros, a la misma hora... No puede ser que justo hoy que tenía una reunión de trabajo que han cancelado a ultima hora vea a su lado a otro, con ella, viviendo mi vida... pero no, algo es diferente, porque ella le mira de otra forma, y le sostiene la mirada como hace tiempo hacía conmigo, y el la lleva cogida de la cintura, le susurra, le aparta el pelo de la cara rozando su piel erizada justo lo necesario para que un fresco y suave sonrojo aparezca en instantes que se me hacen eternos y me queman por dentro, y esa piel que en ella se vuelve tibia a mi se me quiebra sangrante, porque me doy cuenta de que no es su cuerpo el que han robado, sino el mío.

Thank You

Tan falto está el mundo de esas palabras que tardan en asentarse en la cabeza y cobrar todo el significado del mundo. Casi una semana (laboral) me ha llevado comprender que he tenido que venir al otro lado del mundo para descubrir que hay lugares mas humanizados, o quizás más "retrasados" en el tiempo; me refiero al tiempo social de las ciudades, los países, las personas... Al volver por la tarde a casa, ufff, en el bus, se iba repitiendo una pequeña rutina de la que yo no era consciente, porque es cierto que lleva tiempo relajarse cuando tanto los trayectos de los distintos autobuses como la ciudad son cosa nueva, y siempre se está más concentrado en pensar donde cojones está uno, porque vas en un bus que no has montado antes, que en lo que ocurre dentro del bus.En fin, que iba yo pensando, que bien que es viernes y en las cosas que ello conlleva, y a su vez escuchaba a un niño que hablaba y hablaba, que parecía que iba sólo, y raja que raja y que no paraba, y de repente, justo en una de las paradas sin importancia me di cuenta; cada vez que alguien se bajaba del autobus decía las maravillosas palabras; THANK YOU, DRIVER. Sin excepción, todos y cada uno de los ocupantes del bus, antes de abandonarlo recitaban, cuan padre nuestro, esas palabras de agradecimiento, o cualquiera de sus variables. Os aseguro que los conductores de autobuses en Wellington son seres bastante únicos; me refiero a que parecen sacados de la cárcel (en el mejor de los casos), pero siempre que pregunto si pasan por Kilbirnie, donde está casa, con cara de boba perdida, he sentido una gran calidez en su respuesta y paciencia, esperando a que la boba decida si la moneda GRANDE es la de 2NZ$ y la pequeña de 1NZ$, y si esas dos juntas hacen 3NZ$, que es lo que cuesta el trayecto. Thank you, driver, hace que ir en el bus sea un poco más agradable, que el día parezca más agradable, incluso hace que ver gente descalza en pleno invierno, parezca mucho más agradable. Aunque todo ello no es , ni de lejos, tan agradable como el trayecto de la mañana, thank you. 

Como te conozco

Es un gran paso el que se da cuando se come con alguien por primera vez. Desde que te sientas a compartir manjares se crea un vínculo; pero, ojo! es muy probable que llegados a este punto, o surja una gran amistad, o evitemos de por vida volver a repetir dicha situación, al menos con esa persona claro. Tanto lo que elije, como la forma de comerlo, nos dan una visión de la persona que tenemos delante (o al lado). Ese es el microcosmos, que llevado a lo más amplio de nuestro globo terráqueo se convierte en: la cultura gastronómica. La hora a la que se come, el tiempo que se invierte, las materias utilizadas, las cantidades que te sirven, y por supuesto el tiempo que tarda en llegar a la mesa son indicadores que nos dan gran información de como es el país, y su gente; y viceversa.Vamos de vacaciones al sitio más exótico que encontramos en el mapa, andamos por las maravillosas calles llenas de gente exótica, con tiendas exóticas llenas de lo que sea (pero super exótico todo) típico de ese lugar; ahora bien, si nos entra hambre ahí mismo, es muy posible que entremos en un McBurguerdeturno antes de probar algo super exótico que no tenemos ni puta idea de lo que es, y eso también dice mucho de nosotros, que nos seguimos creyendo algo por como vestimos y por lo que NO nos comemos. Desde mi llegada a Wellignton estoy asombrada tanto por su gastronomía como por como viste la gente, porque aquí hay días que hace frío, no como en Madrid pero frío, y me he quedado con cara de boba, de española boba, mirando a las tías en sandalias por la calle, con frío y puede que incluso lloviendo. Joder!, entonces me he acordado no sólo de todos los zapatos monisimos que me he dejado en casa, si no de todas las veces que en pleno invierno madrileño me hubiera calzado una buenas sandalias de verano... Tan tontos somos por dejar que nos digan como, cuando y con que nos debemos vestir, como por en vez de ir a un sitio de vacaciones, no querer ser parte de ese sitio; ser uno más, aunque sea sólo por unos días...porque si somos lo que comemos, y nunca nos arriesgamos, siempre seremos lo mismo. Fotos: arriba izqda: morsa chopstick común centro dcha: dragon fruit, Singapore abajo izquda: morsa común ingiriendo dragon fruit, con el consiguiente dolor de barriga

Hay vientos y vendavales...

Todo norte tiene su sur, pero, ¿es posible que lo que pasa en el sur no pase, al menos de igual manera en el norte?. Pues si, efectivamente, porque hay factores que determinan que lo que pasa en Wellington no pase en ningún sitio más. Esto es debido, principalmente al efecto embudo que hace con el estrecho de Cook, que junto con las variaciones del terreno, tanto en dirección como en altura, hacen de esta ciudad una puta locura. Sigo estas lineas dando datos sacados de fuentes oficiales, no sufráis, que luego voy con las observaciones personales.
En la región de Kelburn, el 10/4/1968, y durante la tormenta llamada Wahine (otro día iré al tema de la santa manía que tienen aquí de dar a las cosas nombres raros en Maori, que si es imposible saber que significan, imagina saber como se pronuncian) se registraron vientos de 200 (dos cientos) kilometros por hora. Pero el record lo ostenta una ráfaga registrada en Hau Nui, en la región de Waipara, el 19/10/1998 de 215 (dos cientos quince) kilómetros por hora.Ahora mis observaciones de campo, avaladas por los periódicos locales, claro. El dia 15 de este mismo mes se registraron vientos de hasta 125km/h, y yo, el día anterior tuve la mala, maliiiisima idea de poner la lavadora, y tender la ropa en el jardín. Por la noche, queridos familiares y amigos, no pude pegar ojo, no sólo porque pensaba que la casa se venía abajo literalmente, sino porque no me quitaba de la cabeza la imagen de diversas prendas volando por toda la ciudad, y luego reconociendo mis bragas en la puerta del supermercado. Esto, que seguro que a alguno os parecerá super descabellado, es lo que pasó exactamente al día siguiente; al salir a la calle vi al menos dos zapatillas deportivas de distinto modelo a lo largo de mi recorrido, pero ni rastro de ninguna braga indecente en la calle; para mi alegría toda la ropa que había tendido estaba en la cuerda, aunque, ahora que lo pienso, no recuerdo haberla tendido hecha nudos y retorcida en las cuerdas... A los más escépticos os dejo un par de videos, fuck y LOL; y para los más filosóficos una gran reflexión: menos mal que el viento no se tira pedos.

funcionarioS de la viDa

Miramos con miedo al futuro, a los cambios, y siempre tememos que nuestro pequeño mundo particular se vea alterado; igual da que sea por un despido, o un mero cambio de domicilio. Nos cuesta ir a un bar nuevo, hablar con gente nueva, o dejar de hacer ambas aunque estemos cansados de ello. Llevamos puestos uniformes familiares, culturales, sociales, sexuales...y los llevamos aunque nos queden cortos, nos aprieten, odiemos los cuadros o sus colores. Nos quejamos de lo que tenemos, pero ojito, que no lo toque nadie. No dejamos lugar a la sorpresa, a los pequeños milagros que operan cada día a nuestro alrededor, a que sacudan nuestra inercia, a que golpeen nuestras creencias y principios; y así vivimos, soltando por la boca lo únicos que somos. Mentimos, nos creemos las mentiras; las mentiras nos mienten. Somos lineales, en vez de pensar que todo es una gran maraña de cables que nos conectan a otras cosas que no tienen nada que ver, pero que no por ello son menos importantes; son esos mundos paralelos que no nos interesan. Un despido inesperado puede hacer que llegues a conocer a alguien de suma importancia en tu vida, así como romper con amistades mohosas puede hacer que termines sirviendo piñas coladas en haway. Todos, en cortezas más o menos profundas de nuestro mundo deseamos que hagan temblar nuestros pilares con detonaciones emocionales, granadas intelectuales o misiles sexuales, aunque sólo sea momentaneamente, para volver después a nuestra mundo cueva, pensando que somos únicos...

Hoy maté a Murphy.

Me despierto tarde, no se que ponerme, lo pienso; falda! Busco unas medias, y recuerdo que las eché en el cesto de la ropa sucia el fin de semana, vale, ya se que llego tarde. En la vorágine de encontrar algo con lo que taparme, y al mismo tiempo que intento despertar mis perezosos sentidos, noto que está lloviendo. Busco un paraguas que creo haber utilizado ayer, pero que por supuesto no encuentro sino cinco minutos después y que además está medio roto... joder, ya voy demasiado tarde. Salgo del portal corriendo con el paraguas en una mano, y cuando voy a guardar el móvil, las llaves y el Mp3 que sujeto con la otra mano, siento el segundo paraguas que poseo dentro del único bolso que llevo encima. Decido subir tranquilamente las escaleras de vuelta a casa, dejar ambos paraguas juntos, y mojarme hasta el metro y hasta el trabajo. Que le den, señor Murphy; hoy decido yo. Porque es  cierto; si algo puede salir mal, saldrá mal, pero siempre podremos decidir cómo tomárnoslo.