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¿Y tú, dietas o...?

Vlad le hinca el diente a un trozo de carne cruda en un parque de Nueva York. No, no es el comienzo de ningun libro de jóvenes vampiros, es la práctica habitual de los seguidores, cada vez más de la dieta paleo. El creador de tal dice que se trata de comer como lo hacían nuestros antepasados, es decir, lo que podrías coger con una lanza en el bosque. Si te imaginas a Vlad llevando un taparrabos y saltando de liana en liana piensa de nuevo y piensa en un diseñador de paginas web de Manhattan (al que no podrías distinguir de entre la multitud de oficinistas) con traje gris, zapatos negros, cabello y barba cortitos; todo muy a la moda. El presupuesto de esta forma “ancestral y simple” de alimentarse es de unos 70 dólares americanos; nadie dijo que la carne orgánica de animales que sólo se ceban con hierba, tambien orgánica, o frutas y frutos secos libres de pesticidas fueran baratos.
Exactamente en ese mismo momento en la devastada Haiti un niño carga, lo que le permiten sus cortos brazos, con tantos paquetes de galletas energéticas desarrolladas epecificamente por el WFP para este tipo de eventos. Cada paquete de 100 gramos aporta 450 calorías, tiene vitaminas, proteínas y grasas y son bajas en azucar; es comida de supervivencia, la dieta del desatre. Cinco paquetes al día era la recomendación, pero en los días siguientes era tal el caos que pocos recibían suficiente, y los que lo hacían no recibían las intrucciones, así, unos comían sólo un paquete, otros todo lo que pillaban, El presupuesto de esta “moderna” forma de alimentarse es, probablemente menos de un dolar al día, pero nadie dijo que se puede elegir en un ambiente hostil, donde sobrevive el que come lo que sea.

Thank You

Tan falto está el mundo de esas palabras que tardan en asentarse en la cabeza y cobrar todo el significado del mundo. Casi una semana (laboral) me ha llevado comprender que he tenido que venir al otro lado del mundo para descubrir que hay lugares mas humanizados, o quizás más "retrasados" en el tiempo; me refiero al tiempo social de las ciudades, los países, las personas... Al volver por la tarde a casa, ufff, en el bus, se iba repitiendo una pequeña rutina de la que yo no era consciente, porque es cierto que lleva tiempo relajarse cuando tanto los trayectos de los distintos autobuses como la ciudad son cosa nueva, y siempre se está más concentrado en pensar donde cojones está uno, porque vas en un bus que no has montado antes, que en lo que ocurre dentro del bus.En fin, que iba yo pensando, que bien que es viernes y en las cosas que ello conlleva, y a su vez escuchaba a un niño que hablaba y hablaba, que parecía que iba sólo, y raja que raja y que no paraba, y de repente, justo en una de las paradas sin importancia me di cuenta; cada vez que alguien se bajaba del autobus decía las maravillosas palabras; THANK YOU, DRIVER. Sin excepción, todos y cada uno de los ocupantes del bus, antes de abandonarlo recitaban, cuan padre nuestro, esas palabras de agradecimiento, o cualquiera de sus variables. Os aseguro que los conductores de autobuses en Wellington son seres bastante únicos; me refiero a que parecen sacados de la cárcel (en el mejor de los casos), pero siempre que pregunto si pasan por Kilbirnie, donde está casa, con cara de boba perdida, he sentido una gran calidez en su respuesta y paciencia, esperando a que la boba decida si la moneda GRANDE es la de 2NZ$ y la pequeña de 1NZ$, y si esas dos juntas hacen 3NZ$, que es lo que cuesta el trayecto. Thank you, driver, hace que ir en el bus sea un poco más agradable, que el día parezca más agradable, incluso hace que ver gente descalza en pleno invierno, parezca mucho más agradable. Aunque todo ello no es , ni de lejos, tan agradable como el trayecto de la mañana, thank you. 

Hay vientos y vendavales...

Todo norte tiene su sur, pero, ¿es posible que lo que pasa en el sur no pase, al menos de igual manera en el norte?. Pues si, efectivamente, porque hay factores que determinan que lo que pasa en Wellington no pase en ningún sitio más. Esto es debido, principalmente al efecto embudo que hace con el estrecho de Cook, que junto con las variaciones del terreno, tanto en dirección como en altura, hacen de esta ciudad una puta locura. Sigo estas lineas dando datos sacados de fuentes oficiales, no sufráis, que luego voy con las observaciones personales.
En la región de Kelburn, el 10/4/1968, y durante la tormenta llamada Wahine (otro día iré al tema de la santa manía que tienen aquí de dar a las cosas nombres raros en Maori, que si es imposible saber que significan, imagina saber como se pronuncian) se registraron vientos de 200 (dos cientos) kilometros por hora. Pero el record lo ostenta una ráfaga registrada en Hau Nui, en la región de Waipara, el 19/10/1998 de 215 (dos cientos quince) kilómetros por hora.Ahora mis observaciones de campo, avaladas por los periódicos locales, claro. El dia 15 de este mismo mes se registraron vientos de hasta 125km/h, y yo, el día anterior tuve la mala, maliiiisima idea de poner la lavadora, y tender la ropa en el jardín. Por la noche, queridos familiares y amigos, no pude pegar ojo, no sólo porque pensaba que la casa se venía abajo literalmente, sino porque no me quitaba de la cabeza la imagen de diversas prendas volando por toda la ciudad, y luego reconociendo mis bragas en la puerta del supermercado. Esto, que seguro que a alguno os parecerá super descabellado, es lo que pasó exactamente al día siguiente; al salir a la calle vi al menos dos zapatillas deportivas de distinto modelo a lo largo de mi recorrido, pero ni rastro de ninguna braga indecente en la calle; para mi alegría toda la ropa que había tendido estaba en la cuerda, aunque, ahora que lo pienso, no recuerdo haberla tendido hecha nudos y retorcida en las cuerdas... A los más escépticos os dejo un par de videos, fuck y LOL; y para los más filosóficos una gran reflexión: menos mal que el viento no se tira pedos.