Sintió el primer pinchazo en la planta del pié, agudo, extremo, pero asombrosamente reconfortante. Cuando el agradable dolor se iba extendiendo por ambos pies, la sensación empezó a subir por sus gemelos, parándose momentáneamente, caprichosa, por detrás de sus rodillas, justo como ella hacía cuando jugaba apasionada y le apetecía detenerse en sus zonas exógenas. Observaba la creciente luz que se levantaba y tomaba forma ante sus ojos, a cada segundo más intensa. El dolor le invadía, y aun habiendo podido luchar fácilmente contra el, no lo hizo; se había asegurado de tomar todas las precauciones necesarias para, en el caso de un súbito arrepentimiento, no poder remediar lo que tanto tiempo y coraje le había llevado. Cuando las punzadas se hicieron insoportables, en ese mismo instante reconoció la figura que se erguía delante de el, orgullosa, elegante, bella. Justo cuando los dedos incendiados le alcanzaban amenazantes el rostro, sucumbió al dolor, pensando mientras caía en la nada, todo el tiempo que lleva escribir toda una vida de amor, y lo rápido que lo consume todo el fuego abrasador. Lo que escribes te destruye, lo que quemas te posee.Ya que has entrado en este pequeño espacio, por favor, hazlo con calma, respirando despacio, sintiendo como el aire llena, no sólo tus pulmones, sino todo tu cuerpo...Todo va muy deprisa, pero yo no quiero olvidar lo que dijo Dalí: “La vida es aspirar, respirar y expirar….”
Mostrando entradas con la etiqueta locura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta locura. Mostrar todas las entradas
Fuego abrazador
Sintió el primer pinchazo en la planta del pié, agudo, extremo, pero asombrosamente reconfortante. Cuando el agradable dolor se iba extendiendo por ambos pies, la sensación empezó a subir por sus gemelos, parándose momentáneamente, caprichosa, por detrás de sus rodillas, justo como ella hacía cuando jugaba apasionada y le apetecía detenerse en sus zonas exógenas. Observaba la creciente luz que se levantaba y tomaba forma ante sus ojos, a cada segundo más intensa. El dolor le invadía, y aun habiendo podido luchar fácilmente contra el, no lo hizo; se había asegurado de tomar todas las precauciones necesarias para, en el caso de un súbito arrepentimiento, no poder remediar lo que tanto tiempo y coraje le había llevado. Cuando las punzadas se hicieron insoportables, en ese mismo instante reconoció la figura que se erguía delante de el, orgullosa, elegante, bella. Justo cuando los dedos incendiados le alcanzaban amenazantes el rostro, sucumbió al dolor, pensando mientras caía en la nada, todo el tiempo que lleva escribir toda una vida de amor, y lo rápido que lo consume todo el fuego abrasador. Lo que escribes te destruye, lo que quemas te posee.Arritmia
Como cada domingo,
leíamos el periódico juntos, acompañándolo de un interminable
desayuno, tranquilos. Un pequeño placer que tardaba en llegar una
elipse semanal, deseosos de compartir tiempo, de unir nuestros mundos
en un eclipse que se alargaba todo el día, y en el que conseguiamos
hacer salir las estrellas y ver cometas que tardarían en volver a
pasar siete días sin sus noches por las lunas de nuestras retinas.
Comentábamos noticias repetidas del domingo anterior, resolviamos de
memoria crucigramas con los días de nuestros encuentros, y al llegar a
la hoja de orbituarios vimos en la esquina superior un pequeño
cuadrado que indicaba la fecha de extinción de nuestro universo.
Encerraba la hora exacta en la que mi sol se apagaría helado por tu
luna, que ante mí, jamás volvería a ver lucir llena y serena.
Comprendimos al instante, sonreímos y nos miramos, y sin mediar
palabra decidimos retar aquella tinta que nos daba 24 horas para el
final. El desayuno, por primera vez quedó a medias, y la música
seguía sonando cuando soltando nuestras manos al salir del portal tu
decidiste girar a la izquierda, y yo seguír todo recto por la calle
que a tí nunca te gustó pisar. Al alejarnos no podía parar de
recordar el camino exácto que hice seis meses atrás; aquel
fatídico día invernal en el que ocurrió el milagro de nuestro
pequeño Big Bang. Alevosía
Mierda, no puede ser, no puede ser!!! pensaba con el pulso a mil por hora. Esa tía le ha robado su cuerpo, con sus mismas proporciones y ese andar decidido que me vuelve loco... Pero...espera, espera un momento, también le ha quitado el perro? joder, es igual que el de ella, siempre saltando a su lado, fiel, buscando su verde mirada y una caricia que le calme; justo en el parque por el que siempre paseamos, nosotros, a la misma hora... No puede ser que justo hoy que tenía una reunión de trabajo que han cancelado a ultima hora vea a su lado a otro, con ella, viviendo mi vida... pero no, algo es diferente, porque ella le mira de otra forma, y le sostiene la mirada como hace tiempo hacía conmigo, y el la lleva cogida de la cintura, le susurra, le aparta el pelo de la cara rozando su piel erizada justo lo necesario para que un fresco y suave sonrojo aparezca en instantes que se me hacen eternos y me queman por dentro, y esa piel que en ella se vuelve tibia a mi se me quiebra sangrante, porque me doy cuenta de que no es su cuerpo el que han robado, sino el mío.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)