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Arritmia


Como cada domingo, leíamos el periódico juntos, acompañándolo de un interminable desayuno, tranquilos. Un pequeño placer que tardaba en llegar una elipse semanal, deseosos de compartir tiempo, de unir nuestros mundos en un eclipse que se alargaba todo el día, y en el que conseguiamos hacer salir las estrellas y ver cometas que tardarían en volver a pasar siete días sin sus noches por las lunas de nuestras retinas. Comentábamos noticias repetidas del domingo anterior, resolviamos de memoria crucigramas con los días de nuestros encuentros, y al llegar a la hoja de orbituarios vimos en la esquina superior un pequeño cuadrado que indicaba la fecha de extinción de nuestro universo. Encerraba la hora exacta en la que mi sol se apagaría helado por tu luna, que ante mí, jamás volvería a ver lucir llena y serena. Comprendimos al instante, sonreímos y nos miramos, y sin mediar palabra decidimos retar aquella tinta que nos daba 24 horas para el final. El desayuno, por primera vez quedó a medias, y la música seguía sonando cuando soltando nuestras manos al salir del portal tu decidiste girar a la izquierda, y yo seguír todo recto por la calle que a tí nunca te gustó pisar. Al alejarnos no podía parar de recordar el camino exácto que hice seis meses atrás; aquel fatídico día invernal en el que ocurrió el milagro de nuestro pequeño Big Bang.  

funcionarioS de la viDa

Miramos con miedo al futuro, a los cambios, y siempre tememos que nuestro pequeño mundo particular se vea alterado; igual da que sea por un despido, o un mero cambio de domicilio. Nos cuesta ir a un bar nuevo, hablar con gente nueva, o dejar de hacer ambas aunque estemos cansados de ello. Llevamos puestos uniformes familiares, culturales, sociales, sexuales...y los llevamos aunque nos queden cortos, nos aprieten, odiemos los cuadros o sus colores. Nos quejamos de lo que tenemos, pero ojito, que no lo toque nadie. No dejamos lugar a la sorpresa, a los pequeños milagros que operan cada día a nuestro alrededor, a que sacudan nuestra inercia, a que golpeen nuestras creencias y principios; y así vivimos, soltando por la boca lo únicos que somos. Mentimos, nos creemos las mentiras; las mentiras nos mienten. Somos lineales, en vez de pensar que todo es una gran maraña de cables que nos conectan a otras cosas que no tienen nada que ver, pero que no por ello son menos importantes; son esos mundos paralelos que no nos interesan. Un despido inesperado puede hacer que llegues a conocer a alguien de suma importancia en tu vida, así como romper con amistades mohosas puede hacer que termines sirviendo piñas coladas en haway. Todos, en cortezas más o menos profundas de nuestro mundo deseamos que hagan temblar nuestros pilares con detonaciones emocionales, granadas intelectuales o misiles sexuales, aunque sólo sea momentaneamente, para volver después a nuestra mundo cueva, pensando que somos únicos...