Iba montado en su coche McLaren descapotable, despreocupado y sin prestar atención a nada más de unos pocos segundos, pero sin dejar de observar todo lo que ocurría a su alrededor. Se me antojó alegre, vivaz e ingenuo, aunque de alguna forma bastante infantil, parecía demandar la atención de todos los que por allí pasaban, que sin fijarse en el, en un primer momento, acababan mirando y sonriendo; bien por el espacio que ocupaba, o porque percibían lo mismo que yo, como en una especie de hechizo, sabiendo que era un tipo con suerte al que la vida sonreía. Al mirarme y fijar sus enormes ojos grises en mi me transmitió su alegría infinita, pero de pronto sentí la frialdad de la pena, al saber que no sería eterna. No hubo intercambio de palabras, no tanto por las circunstancias que nos rodeaban a ambos, sino porque sus limitaciones, más que evidentes desde el primer momento nos lo impedían. Supe que un caprichoso error del destino se interponía en nuestros caminos, y que cuando nos cruzara de nuevo, no nos reconoceríamos. Sonreí al comprender que a el me lo había encontrado para hacerme recordar que la felicidad inconsciente se llega a olvidar un día, y a partir de entonces se debe perseguir de forma incansable, cada instante, y de por vida. Cuando le miré por última vez el ya estaba absorto mirando a esa mujer mucho mayor, que de forma tan dulce besaba su cara y le colocaba el chupete con tanto amor.Ya que has entrado en este pequeño espacio, por favor, hazlo con calma, respirando despacio, sintiendo como el aire llena, no sólo tus pulmones, sino todo tu cuerpo...Todo va muy deprisa, pero yo no quiero olvidar lo que dijo Dalí: “La vida es aspirar, respirar y expirar….”
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Mind the gap.
Iba montado en su coche McLaren descapotable, despreocupado y sin prestar atención a nada más de unos pocos segundos, pero sin dejar de observar todo lo que ocurría a su alrededor. Se me antojó alegre, vivaz e ingenuo, aunque de alguna forma bastante infantil, parecía demandar la atención de todos los que por allí pasaban, que sin fijarse en el, en un primer momento, acababan mirando y sonriendo; bien por el espacio que ocupaba, o porque percibían lo mismo que yo, como en una especie de hechizo, sabiendo que era un tipo con suerte al que la vida sonreía. Al mirarme y fijar sus enormes ojos grises en mi me transmitió su alegría infinita, pero de pronto sentí la frialdad de la pena, al saber que no sería eterna. No hubo intercambio de palabras, no tanto por las circunstancias que nos rodeaban a ambos, sino porque sus limitaciones, más que evidentes desde el primer momento nos lo impedían. Supe que un caprichoso error del destino se interponía en nuestros caminos, y que cuando nos cruzara de nuevo, no nos reconoceríamos. Sonreí al comprender que a el me lo había encontrado para hacerme recordar que la felicidad inconsciente se llega a olvidar un día, y a partir de entonces se debe perseguir de forma incansable, cada instante, y de por vida. Cuando le miré por última vez el ya estaba absorto mirando a esa mujer mucho mayor, que de forma tan dulce besaba su cara y le colocaba el chupete con tanto amor.14 Estaciones
Si todo fuese perfecto, cada vez que entro en el metro saldría una persona para pillar yo su asiento y siempre llegaría a tiempo. Si todo fuese ideal, no habría ninguna almendra amarga en la bolsa de frutos secos que compré ayer y aparece justo cuando había decidido que esa era la última que iba a comer. Si todo fuese como yo quiero habría canciones que no terminarían, otras ni se escucharían. Si pudiera, haría que nunca lloviera por el día, menos cuando lo necesite como excusa para echar el freno, y así encerrarme para enfrentarme a esa persona que a veces tanto temo y me encuentro en cada maldito espejo. Me hace gracia ahora que lo pienso, mientras suena una canción que no debería terminar, las veces que sueño con cambiar todo aquello sobre lo que no tengo poder; así me paso el día: sin acabar las cosas que me quedan por hacer. Podría cambiar mi nombre y convertirme en una mujer fatal, arrojar el teléfono al mar, inventarme una nueva vida en otro continente, dejarme llevar por la corriente y encontrar algo real por lo que poder apostar. Podría decirte que no te quiero, echarle valor y dejarlo todo en el tintero, destrozar todas las cartas de amor, publicar tus fotografías, largarme con el cartero que todos los días traía con el correo tu cariño empaquetado en la distancia; el único de los tres que con el paso del tiempo, demostró tener valor y constancia... podría escucharle de verdad, ser amable, llevarme bien con el en vez de pelear, pero como siempre que me juego las cartas con la dama del corazón prefiero acabar siendo el perdedor, para sin que ella lo sepa quedarme sólo con lo mejor. Debería hacerlo todo realidad; volver a estudiar, olvidarme de hablar inglés, aprender alemán y francés, pintar, cantar, e incluso aprender a bailar. Tantas y tantas cosas podría que me pierdo, soplando pompas de jabón al viento, resolviendo un complicado sudoku en el metro con los números de nuestro nacimiento...
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