Miramos con miedo al futuro, a los cambios, y siempre tememos que nuestro pequeño mundo particular se vea alterado; igual da que sea por un despido, o un mero cambio de domicilio. Nos cuesta ir a un bar nuevo, hablar con gente nueva, o dejar de hacer ambas aunque estemos cansados de ello. Llevamos puestos uniformes familiares, culturales, sociales, sexuales...y los llevamos aunque nos queden cortos, nos aprieten, odiemos los cuadros o sus colores. Nos quejamos de lo que tenemos, pero ojito, que no lo toque nadie. No dejamos lugar a la sorpresa, a los pequeños milagros que operan cada día a nuestro alrededor, a que sacudan nuestra inercia, a que golpeen nuestras creencias y principios; y así vivimos, soltando por la boca lo únicos que somos. Mentimos, nos creemos las mentiras; las mentiras nos mienten. Somos lineales, en vez de pensar que todo es una gran maraña de cables que nos conectan a otras cosas que no tienen nada que ver, pero que no por ello son menos importantes; son esos mundos paralelos que no nos interesan. Un despido inesperado puede hacer que llegues a conocer a alguien de suma importancia en tu vida, así como romper con amistades mohosas puede hacer que termines sirviendo piñas coladas en haway. Todos, en cortezas más o menos profundas de nuestro mundo deseamos que hagan temblar nuestros pilares con detonaciones emocionales, granadas intelectuales o misiles sexuales, aunque sólo sea momentaneamente, para volver después a nuestra mundo cueva, pensando que somos únicos...Ya que has entrado en este pequeño espacio, por favor, hazlo con calma, respirando despacio, sintiendo como el aire llena, no sólo tus pulmones, sino todo tu cuerpo...Todo va muy deprisa, pero yo no quiero olvidar lo que dijo Dalí: “La vida es aspirar, respirar y expirar….”
funcionarioS de la viDa
Miramos con miedo al futuro, a los cambios, y siempre tememos que nuestro pequeño mundo particular se vea alterado; igual da que sea por un despido, o un mero cambio de domicilio. Nos cuesta ir a un bar nuevo, hablar con gente nueva, o dejar de hacer ambas aunque estemos cansados de ello. Llevamos puestos uniformes familiares, culturales, sociales, sexuales...y los llevamos aunque nos queden cortos, nos aprieten, odiemos los cuadros o sus colores. Nos quejamos de lo que tenemos, pero ojito, que no lo toque nadie. No dejamos lugar a la sorpresa, a los pequeños milagros que operan cada día a nuestro alrededor, a que sacudan nuestra inercia, a que golpeen nuestras creencias y principios; y así vivimos, soltando por la boca lo únicos que somos. Mentimos, nos creemos las mentiras; las mentiras nos mienten. Somos lineales, en vez de pensar que todo es una gran maraña de cables que nos conectan a otras cosas que no tienen nada que ver, pero que no por ello son menos importantes; son esos mundos paralelos que no nos interesan. Un despido inesperado puede hacer que llegues a conocer a alguien de suma importancia en tu vida, así como romper con amistades mohosas puede hacer que termines sirviendo piñas coladas en haway. Todos, en cortezas más o menos profundas de nuestro mundo deseamos que hagan temblar nuestros pilares con detonaciones emocionales, granadas intelectuales o misiles sexuales, aunque sólo sea momentaneamente, para volver después a nuestra mundo cueva, pensando que somos únicos...Hoy maté a Murphy.
Me despierto tarde, no se que ponerme, lo pienso; falda! Busco unas medias, y recuerdo que las eché en el cesto de la ropa sucia el fin de semana, vale, ya se que llego tarde. En la vorágine de encontrar algo con lo que taparme, y al mismo tiempo que intento despertar mis perezosos sentidos, noto que está lloviendo. Busco un paraguas que creo haber utilizado ayer, pero que por supuesto no encuentro sino cinco minutos después y que además está medio roto... joder, ya voy demasiado tarde. Salgo del portal corriendo con el paraguas en una mano, y cuando voy a guardar el móvil, las llaves y el Mp3 que sujeto con la otra mano, siento el segundo paraguas que poseo dentro del único bolso que llevo encima. Decido subir tranquilamente las escaleras de vuelta a casa, dejar ambos paraguas juntos, y mojarme hasta el metro y hasta el trabajo. Que le den, señor Murphy; hoy decido yo. Porque es cierto; si algo puede salir mal, saldrá mal, pero siempre podremos decidir cómo tomárnoslo.
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